Sala Beckett
Torito y Graffiti
Después de la experiencia que supone haber llevado a la escena dos textos narrativos de Julio Cortázar (Carta de la Maga a bebé Rocamadour y Lejana. Diario de Alina Reyes), me propongo abordar la dramatización de dos relatos en un mismo montaje, Torito y Graffiti, con la complicidad y el apoyo de Jeito Producciones, que se hace cargo de la producción del espectáculo.
A pesar de sus indudables diferencias temáticas y estilísticas, así como de su distancia cronológica (1954 y fines de los 70, respectivamente), ambos relatos comparten rasgos esenciales en cuanto a su asunto y a su estructura formal. En efecto: en uno y en otro, una voz narrativa sumamente personalizada (un viejo boxeador noqueado y una joven activista torturada) interpela a un silencioso interlocutor, real y presente en el primer cuento, virtual y ausente en el segundo, dándole cuenta de los pormenores de su derrota.
Tanto en Torito como en Graffiti, asistimos a la evocación de un combate perdido: contra un rival más joven y preparado, en el caso del viejo boxeador, y contra la violencia institucional durante una dictadura en el de la joven. Y se trata en ambos, también, de la necesidad de compartir, de comunicar, de dar testimonio de la lucha y del fracaso, como si sólo el acto de narrar fuera capaz de dar sentido a una y a otro.
José Sanchis Sinisterra